miércoles, 12 de septiembre de 2012

COMIDA CASERA


Mi hijo tenía cuatro semanas cuando, una noche, le subió la fiebre. A la mañana siguiente le costaba respirar. Por recomendación del pediatra, lo llevamos a urgencias, donde se le diagnosticó un VRS (virus respiratorio sincitial), que a menudo se expresa en los adultos como resfriado común, pero que en bebés puede resultar tremendamente peligroso, incluso letal. Acabamos pasando una semana en la unidad de cuidados intensivos
de pediatría; mi mujer y yo nos turnábamos para compartir el sillón del cuarto del niño y la butaca de la sala de espera.

Durante el segundo, tercer, cuarto y quinto día, nuestros amigos Sam y Eleanor nos trajeron comida. Montones de comida, mucha más de la que podíamos comer: ensalada de lentejas, trufas de chocolate, verduras asadas, nueces y fresas, risotto de champiñones, crepes, judías verdes, nachos, arroz integral, copos de avena, mango seco, pasta primavera, chile... Todo comida casera. Podríamos haber comido en la cafetería del hospital o haber pedido que nos subieran algo. Y ellos podrían haber expresado su amor mediante visitas y palabras cariñosas. Pero nos trajeron toda esa comida, y era un detalle que necesitábamos. Por ésa, más que por cualquier otra razón (y conste que hay muchas), este libro está dedicado a ellos.

Al sexto día, mi esposa y yo pudimos abandonar el hospital juntos por vez primera desde nuestra llegada. Nuestro hijo se había recobrado sin lugar a dudas y los médicos nos dijeron que podríamos llevarlo a casa a la mañana siguiente. Oíamos alejarse el silbido de la bala. De manera que en cuanto se durmió (y tras dejar a mis suegros apostados al lado de su cama), cogimos el ascensor y salimos al mundo real.

Nevaba. Los copos de nieve eran enormes, surrealistas, distintos y tan perdurables como los que hacen los niños con bolas de papel blanco. Anduvimos como sonámbulos por la Segunda Avenida, sin rumbo, y terminamos en un restaurante polaco. Unos ventanales enormes daban a la calle, y los copos de nieve se pegaban a ellos durante unos segundos antes de caer definitivamente. No recuerdo lo que pedí. No recuerdo si la comida era buena. Fue el mejor banquete de mi vida.

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