No todas las aves de corral tienen que soportar la vida en jaulas. Sólo en este sentido puede decirse que los pollos (los que se convierten en carne, en oposición a las gallinas ponedoras) tienen suerte: consiguen al menos unos novecientos treinta centímetros cuadrados de espacio.
Para los no granjeros lo que acabo
de escribir puede resultar confuso. Es
probable que para la mayoría los pollos
sean sólo pollos. Pero, durante el pasado
medio siglo, han existido en realidad dos
clases: los pollos propiamente dichos,
que se usan para carne, y las gallinas
ponedoras, cada uno con distinta genética.
A veces los englobamos bajo el
mismo nombre, pero sus cuerpos y metabolismos
son radicalmente distintos, y están preparados para cumplir «funciones» diferentes. Las gallinas ponen
huevos (producción que se ha doblado desde los años treinta). Los pollos se
comen (en el mismo periodo, han sido
preparados para crecer el doble de
tamaño en la mitad del tiempo. Antaño
estas aves tenían una esperanza de vida
de quince a veinte años, pero el típico
pollo de hoy muere aproximadamente a
las seis semanas. Su tasa de crecimiento
diario se ha incrementado en un 400 por
ciento).
Esto suscita toda clase de extrañas
cuestiones, cuestiones que antes nunca
había tenido motivo para preguntarme,
como: «¿Qué pasa con la descendencia
masculina de las gallinas ponedoras?» Si
el hombre no los ha escogido para servir de comida, y es evidente que la naturaleza
tampoco los ha diseñado para
poner huevos, ¿para qué sirven?
Para nada. Por eso, la mitad de los
pollitos nacidos en Estados Unidos (más
de 250 millones de pollitos al año) son
destruidos.
¿Destruidos? Parece una palabra de
la que merece la pena saber más.
La mayor parte de los pollitos son
destruidos mediante un proceso de
succión que los conduce a través de una
serie de tubos hasta depositarlos en una
placa electrificada. No es la única forma,
aunque resulta imposible saber cuáles
son más afortunados. Algunos van a
parar a enormes contenedores de
plástico. Los débiles quedan aplastados
al fondo, donde se ahogan lentamente.
Los fuertes se ahogan lentamente en la
parte superior. Otros pasan, plenamente conscientes, a los «maceradores» (que
viene a ser un astillador de madera para
pollos).
¿Cruel? Depende de tu definición de
la crueldad (ver CRUELDAD).

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